pequeños momentos, GRANDES RESULTADOS

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En un gran taller de carpintería había dos chicos aprendices. El uno era juguetón y revoltoso; el otro, tan aficionado al estudio, que siempre se le veía, en los ratos de ocio o después del trabajo, con algún libro en la mano o aprendiendo a dibujar. El primero le incitaba de continuo a que tirase el libro o el lápiz y fuese a jugar con él; pero el otro le decía: “Prefiero estudiar. Si no aprovecho estos momentos, nunca sabré lo que puedo aprender ahora”

Este aplicado aprendiz vio un día en un periódico el anuncio de un concurso de planos para una casa del ayuntamiento que debía edificarse en una población cercana. Se ofrecía un premio de dos mil dólares al autor del mejor plano.

Ni corto ni perezoso, el buen aprendiz trazó un plano y lo envió al concurso, pensando que nada perdía en probar fortuna.

Poco tiempo después se presentó en el taller un caballero preguntando si estaba allí un arquitecto llamado Washington Wilberforce. “No señor – dijo el maestro carpintero – aquí no hay ningún arquitecto, pero si un aprendiz de ese nombre”

Llamaron al muchacho, a quien informó el caballero, que se le había adjudicado a su diseño el premio de los dos mil dólares. Ese chico llegó a ser con el tiempo uno de los principales arquitectos de los Estados Unidos.

Amigo, tu también puedes lograr honra y provecho, si te aplicas a tus estudios, oficio o profesión; si sales de la rutina; si evitas todo desdén.

Cuanto más extensos y profundos sean los conocimientos de tu facultad u oficio, mayor será el dominio que de el tengas. ¿Qué, cómo lo puedes lograr? Igual como Washington Wilberforce, utilizando tus momentos de ocio, para estudiar, instruirte y leer. Esos pequeños momentos diarios son la clave de tu éxito. Comienza hoy a aprovechar esos momentos libres del día, porque ¡Hoy es tu mejor día y mañana será mucho mejor!