Amigos, siguiendo con el tema de la Familia y el Matrimonio, quiero compartir con ustedes algunas reflexiones sobre este tema, que nos pueden ayudar a comprender mejor nuestra realidad y encontrar el camino para mejorar la condición de nuestra relación matrimonial o familiar.
La mayoría de los matrimonios pasa por tres fases:
La fase 1 es el éxtasis o el encantamiento. Este ocurre durante el noviazgo y los primeros días del matrimonio, cuando reina el romance. Todo es maravilloso, y el cónyuge no puede hacer nada mal. Cualquier falta menor o diferencias que tengan, la pareja cree que no interferirá con su relación.
La fase 2 es la realidad o el conflicto, la fase donde la pareja reconoce que los dos no siempre ven todo igual. Gradualmente empiezan a reconocer que no se casaron con quien creían que se casaron. Empiezan a ver que la otra persona tiene faltas reales y que tienen diferencias fuertes sobre ciertos asuntos. Poco a poco (o en algunos casos, rápidamente) empiezan los conflictos entre ellos.
De esta fase de realidad o conflicto, las parejas pasan a una de las siguientes tres direcciones:
1. Algunas parejas deciden que no pueden manejar sus diferencias y escogen el divorcio. En la gran mayoría de los casos no tienen razones válidas para divorciarse.
2. Otras proceden a adoptar un status quo infeliz, donde sólo co-existen. Y a esto es a lo que llamo: Resignarse. Aceptan su triste realidad y se quedan juntos infelizmente y se creen víctimas de las circunstancias.
3. Un tercer grupo aprende a manejar sus desacuerdos y a prevenir y/o resolver sus conflictos. Como resultado, avanzan a una relación de maduración o crecimiento y desarrollo. Para estas parejas, los desacuerdos matrimoniales o familiares les proveen el ambiente propicio para progresar y entrenarse en la marcha para aplicar los principios bíblicos. Comienzan a aprender la habilidad importante de resolver conflictos.
Pero la pregunta es, ¿cómo lograr ser pacificador(a) en vez de guerrero(a)? ¿Qué es necesario hacer para prevenir y resolver los conflictos bíblicamente? Entender el porqué los desacuerdos son inevitables y la razón para que surjan los conflictos es un factor importante. Tener una respuesta clara a la pregunta, “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros?” (Santiago 4:1) es el primer paso.